miércoles, 16 de diciembre de 2009

Un amor para Giorgio

I


Zozobra del espíritu en los atardeceres:
un llanto por el recuerdo de una calle gris que desemboca
en infinitas calles
con infinitas casas
de infinitas habitaciones
e infinitas ventanas
que se adentran en el espejo de su retina
que es un callejón oscuro de Londres
en cuyo final hay un ojo
mirando todas las cosas del universo.
Zozobra del espíritu al amanecer:
un llanto al comprobar que ama demasiado la vida
y no queda tiempo que perder,
hay que vivirla, excitarla, exprimirla
en sus recovecos mas turbios
en sus explosiones mas intensas
en las emociones mas duramente eficaces para el hecho poético.

Zozobra de los espíritus un día cualquiera:
una mueca adusta al intercambiar palabras que creían abandonadas en la llovizna

Tal vez sólo una fantasía y se detuvieron a escuchar.
Silencio.
Risa.
Aturdimiento.
Se detuvieron a escuchar.
Uno elevó sus párpados
al cielo;
recitó Keats de memoria.

Ella persuadida de que no hay gesto tan parecido a la muerte. Feliz por la tristeza, que más da.

Esperaron absortos el desarrollo impredecible de esto que tal vez sucedía
sólo en ellos, o sea, en todo el mundo en un mismo instante.

Se desearon sin mirarse.
Él con una navajita inútil apretada en un bolsillo
(que le traía recuerdos del padre
y caricias de la madre).
Ella dibujando figuras invisibles en el suelo.
El tiempo se había extinguido
Ella se buscaba en lo ingrávido.
Él en el coraje que de tan profundo
parecía inalcanzable.


Velos de melancolía cubrían sus rostros
cuando al verse, por fin,
sintieron que el suelo era un hondo hueco bajo sus pies.
Síntomas de la finitud del hombre la conmoción
la espontánea crisis de la memoria,
el vértigo de la experiencia,
los agujeros en pleno corazón del conocimiento.
Síntomas del carácter finito y paradoja del estar vivo aún
cuando el estupor suspende todo indicio de vigor
y deja en la conciencia una incertidumbre.
La melancolía invadía cada fibra de sus cuerpos.
Llovía.
Era la repetición infinita de un acontecimiento
predeterminado en una temporalidad
distinta a la humana
(olvidó a una señorita de Madrid,
a una muchacha del Buenos Aires de su niñez).
Era algo que susurraba su nombre en un rincón oscuro
de su alma,
con anhelos de muñeca decapitada,
con palabras como desgarramientos
sobre la mortaja de su identidad.
(Ella que reconocía un poema en cada lágrima vertida).
Uno tenía respuestas. Una más infalible que la otra.
La tiranía del miedo lo asediaba con preguntas.
No era cuestión de sentir.
Suspiró desconsolado.
La otra no buscaba respuestas, sino un motivo de vida
que diera a luz una posibilidad poética.
Escritura del yo.
Era cuestión de sentir.
Consuelo en los suspiros.
La sensibilidad taimada la acorralaba con puntadas.
Se miraron durante un minuto.
Se miraron quizás para siempre.
El amor encadenado a los troncos podridos de la memoria

Desearon ardientemente
por una representación
desplegada en la figura del otro.
Abandono.
Partieron bajo el lluvioso cielo.
Y todo el resto no fue literatura.

Torvo viejo cuervo profético
dijo ella mientras pisoteaba tumbas diminutas.
Mujer de arcana mirada
Sherezade
traicionada por una mudez
hecha de enigmas impronunciables
barruntó él.
Ella tomó su mano no sin sentir una leve sublevación en su propia garganta.
Él apenas vaciló
dispuesto a evocar
a recordar
un pedazo de existencia
una lectura entre huellas y huellas
sobre gotas crepusculares y arrullos de voces oníricas.
Colocóse excesivamente inteligente.
Ella se aguantó con ganas el llanto.
Él enfatizó sobre el color de las nubes
posadas sobre los laberintos.
Tronó todo el cielo.
Ella aprovechó el fenómeno como un guiño
o señal.
Con una fuerza fingida se olvidó de ella misma;
preguntóle acerca de su actividad sexual.
Él se indignó buscando palacios derruidos
en cuadrículas de suelo

Colocóse excesivamente energúmeno.
Ella sonrió sin que él la percibiera.
Ella extraviada le susurró “vamos”.
Oh.
Algo cercano a la repugnancia turbó su pensamiento
y redujo aún más su encorvado cuerpo.
No obstante sintióse joven como nunca lo había sido.









II


Un albergue
cuyo frente
le recordaba a las mayólicas
de un lupanar en Burdeos
que visitó (así dijo) en el sigloXIX.
Se lo vio casi alegre,
casi extático.
Un hombre en la entrada se le figuró como un rudo marino
que tuvo el desagrado de conocer.
Volvió la mirada.
El marino lo observaba curioso
y para nada desafiante.
Ella pidió habitación.
Lo condujo hacia ella como las putas carnosas
solían empujar hacia la calle
a los juerguistas ebrios.
Como aquellas, ésta lo atisbó de arriba a abajo
y procedió a contarle su vida
sus deseos
sus amores
sus fracasos.
Buscó su voz
entre los caballitos alados de la congoja
los venablos del llanto
y la siempre fulgurante
armadura de la palabra suicidio.
Sin embargo él se puso de pie.
Elevó la vista.
Múltiples ventanas reflejaban
en lo alto sus propios cuerpos.
Se vió deseperado,
con ganas de luchar
trémulo y opaco
como lo ponían los fantasmas
que en el bajo
hacían depender su destino de una hoja de cuchillo.
Un laberinto.
Todos los espacios del universo
concentrados en un único espacio
de vivos ojos inmóviles,
quizás.
Ella, entre carcajadas y convulsiones de llanto
comenzó a desvestirlo.
La lluvia no cesaba.
La melancolía cubríalo todo como una niebla.
¿Alguien dijo algo? Ávidas manos se disponían ante las hojas.
Él, tumbado y abandonado, musitó:
“…los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”.

Afuera llovían.
Poetas malos.
Poetas mediocres.
Poetas malos.
Poetas mediocres.
Poetas malos.
Poetas mediocres.

La vida es.
Hombres de imaginación enjuta.
Hombres amocosados por el aburrimiento.
La vida es.
Afuera llovían.
Poetas malos.
Poetas mediocres.
Poetas malos.
Poetas mediocres.
Poetas malos.
Poetas mediocres.


Afuera llovía.

Vos.
Usted.
Yo.

Lector hipócrita.

Afuera llovía.

sábado, 5 de diciembre de 2009

BUENA NUEVA

A comienzo de semana
tenía dos poemas para corregir.
A mitad de ella me diagnosticaron
cáncer de pulmón.
Al final de la semana
tenía tres poemas perfectos y sublimes.

OPIÁCEO

Conversaban sobre el amor
restos de cigarrillos con ojos de cometa
un saxo tenor emergente del humo
una estatua que lloraba whisky por los niños ricos del mundo
seis pastillas de codeína.
Van dos horas y media.
Nadie trate de entender esto.
“Hay cosas de las cuales nadie habla”
Tres.
Sobre el amor y el maldito mundo
en otro vientre diminuto de cadáver. Odiado y envenenado
con gestos de madre
protectora.
Procuren no entender nada de todo esto.
“Hay cosas que parecen ignorar todo aquello que no trate de ellas mismas”
“Dos seres que conforman toda la población de un planeta permanentemente amenazado”.
“Lo que está afuera siempre conlleva algo destructivo por su propia esencia”.
“No hay nada mas inocente e implacable”.
“Por supuesto que también el dolor nos devuelve la vida, pero a diferencia de éste, nada pregunta…y existe por sí misma, como si de la nada surgiera, como si tampoco
la vida fuera”.
Nadie trate de interpretar algo en esto o de arriesgarse a saber de qué diablos estoy hablando.
Tres horas y media.
Un perro me habla en mi idioma.
“Tsssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss” hace el mundo cuando se detiene.
Y todos miran asombrados.
Despiden los párpados al cielo o los sepultan metros bajo tierra para que no puedan volver.
Con el silencio todos quieren entender, como los que se sinceran con la lluvia.
Las horas que se arrojan una tras otra.
La muerte es como si se estuviera fuera de ella.
Ahora traten de entender.
Una cabeza cae rebotando en las escaleras.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

DIARIO DE UN ARTISTA (maldito)

I

Devuelto al mundo con una verga carcomida,
pensé en hacerme un artista brillante.
Andaría por las calles
exhibiendo mi arte a un público inocente
que brotaría como hormigas de la memoria.
Llevando mi verga carcomida con una mueca de satisfacción
haría inmortal en las personas el gesto,
la crispación,
el tropiezo
o todas las reacciones del instinto de supervivencia.
Diría en mi interior cosas como “mírenme la verga y pónganse a bailar, inmundos”
y les cerraría el paso como una nube repentina
o como un vals estallando desde la boca de las tiendas.
Los más reaccionarios me empujarían, y yo, con enorme complacencia, trataría de acomodarme con un movimiento tan eficaz que me devolvería a plena tierra.
Entonces, besaría sus zapatos o me arrojaría a sus rodillas invitándolos a observar el suelo hasta sentir la cercanía de un destino mucho más real que el que prometen las estrellas.


II

Podrida la verga y dispuesto el cuerpo como un azotado,
cargaría una montaña sobre los hombros,
y sólo miraría el cielo para reírme de los que buscan la lluvia o la belleza para endulzarse la existencia.
Me pondría ante sus ojos como un horizonte de papel y les diría ampulosamente;
“¡óiganme carajo, que alguien tenga el valor de darme de comer!”
y les mostraría una sonrisa llena de una costra parecida al retrato de un héroe, madre, esposa o hijo bien tratado.



III


Oiga, señora, cuánto me halaga con su espasmo,
cuánto me emociona con su llanto,
cuán vivo me siento con ese licor rosado
manando de sus labios.


No es para tanto, a veces pienso.
Usted me pone contento.
Perdón por la certeza.
Si no la miro a los ojos es porque me da dolor de cuello,
no es mi culpa,
no se tape,
no me insulte,
no se vaya.
Entienda que solamente soy un hombre que dedica su vida al arte.
Míreme la verga,
míreme la espalda,
son mis mejores obras maestras.
Me siento orgulloso de ellas.
Sepa que nace un genio entre millones,
y yo le digo,
tóqueme la verga,
siéntese en mi espalda,
siéntase feliz de ser tan humana.
¿Qué? ¿Qué cosa?
¿Qué representa mi arte?
Bien, se lo diré;
Soy el hombre hecho a imagen y semejanza de lo divino.
Represento la imperfección de un dios demente y moribundo
caído al mundo con espanto.
Soy el límite de la representación que anuncia la muerte de dios
y la libertad del hombre para arrancarse los ojos una vez comprendida
la magnitud de la sabiduría.




IV

Podrida la verga,
henchida la espalda y abundante la baba,
una vez consagrado artista daría largos discursos sobre el amor,
las enfermedades venéreas del verbo y las relaciones públicas del alma.



V


Siendo ya una celebridad entre los mortales exigiría una ciudad
hecha a imagen y semejanza de mi arte.

Itifálico emblema clavado en un vientre cuyas vísceras
traerían el hedor de la esperanza.
Abultados edificios dispuestos al viento como camillas
sin muertes ni alboradas.



VI


Siendo ya una celebridad, señores, ofrendaría mi arte
en un rito orgiástico en donde los anhelos de inmortalidad
se nutrirían con el semen y la sangre de mi verga agonizante.
Ofrecería la curva de mi espalda para reconocimiento del hambre
y su mastín asalariado.
Consagrado el arte de la putrefacción y lo deforme como mimesis del hombre
en su estado auténtico,
abriría mi corazón de Tántalo
y haría llover la ambrosía de mi sexo enfermo sobre el apetito
insatisfecho del tiempo,
de la muerte,
del horror,
de la pasión
por lo real
y su ojo de vidrio
que llora
verdades a medias.

janlet

Ofelia en off se ofende y parte una botella en mi cabeza.
El fantasma de mi padre se pasea por la habitación y recoge pedacitos de vidrio.
Te juro que no lo vi venir, te juro que no le hice nada, le digo.
Sin embargo, él se acerca y me cuenta que dormía en su jardín una tarde.
Te juro que la loca es ella, me anticipo.
Ofelia en off regresa y agarrándome de los pelos hunde mi cabeza rota en su bajo vientre.
Me pregunta si estoy mejor, después de todo.
Yo intento hacerle entender que no puedo respirar.
La sangre me llega a los ojos y el fantasma de mi padre habla sólo.
Tu papá es un viejo hincha pelotas, asegura.
Cómo, ¿también lo ves? Pregunto.
Ofelia en off me pone boca arriba y subiendo lentamente
me recuerda:
“no te olvides de matar a tu tío”.

domingo, 2 de agosto de 2009

Mourí Roi

///método///

----sanación----


//patológicamente considerado- Out- innatismo maldad hepático resentimientO//

//mientO relación saBer-pOder O pretender o dar luz con un fósforo a quien no Vé //

//cuernoempanza!!!//

//vamOs a hacer del reinO lo que el reiNO vé en la necesidad del pueblo//

Dios: - Tengo el honor de anunciaros que, para enriquecer el reino, haré perEcEr a todOs
los nobles y confiscaré sus Bienes-

-Tengo sus miedos en cuatrotresdosumovimentos, listo-


// la norma y la falacia. Los bufones de la cOrte. La enfermedad no debe prevenirse, debe eliminarse//

//cuernoempanza!, rey Morís!//

//fuera de la norma la perversión es sí solo sí tratamos de un inadaptado una maldad per se nemico irreconciliable decimos a voz en pecho estentóreaMentTe hay que seguir combatiendo//
//veamos rasgos y bajemos la punición ala Cuna//

//la institución de las armas de la fuerza de la bota al cuello//

//señor Morís. Ingeniería del miedo-------------a voz en pecho!!!--------------//

// cuántos guarismos mis pestañas//

//cuál método///

//digamos no//
//noeeeeeeeeeeeeemos//

///conciencia al pánico///
///estentóreamente///
/// conciencia afónica///


a grito prelado
_______ sobre el aturdimiento nademos discursivamente________
//relación mentir-poder//
//ojo tuerto anal del subyugado queda prohibido indagar aunque se permite condenar con los calzones manchados de caca//

[ principiO de saNación]

//el Otro al trote azul bajo tierra donde la Noación y el Noísmo se emocionan a llanto negro// hacer tábula rasa

Morís y el crédulo arrodillado dicen


¡¡¡cuernoempanza!!!

Poema romántico (bah, no tanto).

Eran bellas tus manos, bien lo recuerdo.
Un ave fénix mientras ardía la leña o un búho oculto en pleno monte de la noche.
Bien lo recuerdo.
¿Te acordarás igual vos, allá, quién sabe dónde, quien sabe cómo?
¿Te acordarás?


A menudo un leve brillo asaltaba nuestra vigilia y yo veía tus dedos penetrando el aire como un certero escuadrón de la muerte.
AAAhhhh, qué lindos momentos aquellos
de las luchas imaginarias.
Lo recordarás, imagino.
Un hombre inmenso armado hasta los huesos que, sin embargo, se queda mirando, severo, inmóvil, como quien apenas existe.
No sé, yo también imagino.
Cuatro elefantes al frente.
Cuerpos fragmentados.
Saetas zumbando.
Una vida que se encoge hasta caber en solo cuatro segundos.


No sé, yo te escuchaba.


A veces era tan hermosa tu idea de destruir el mundo.
Eras mi poeta favorita…
y en vos nacían grandes planes políticos.


A mitad de la noche; roja sangre la luna, mi querida madre de las Furias.
Vos en el centro de todo con arcano gesto.
Tus brazos concertando el fragor de las armas, el golpe seco en la tierra, el estridente alarido más eficaz que cualquier palabra.
Verdaderamente encantador.


Cuán humana estabas en aquellos paisajes.


A veces enumerabas a los caídos .
Los contemplabas atentamente.
Miles de ellos.
Todos distintos para vos.
Todos ajenos a la naturaleza.
Todos arrancados de cuajo de lo que es en sí misma una pura esencia.
¿Algún otro espectáculo mejor que el de la muerte?
¿A alguien se le ocurre?


Eras demasiado humana y maravillosa como para no tenerte así a mi lado,
acariciándote suavemente como si me convirtiera en brisa,
susurrándote inocente como si me convirtiera en río.


(¿Qué? ¿Qué cosa?
…sí, como si me convirtiera en río, o en mar, o bien en cascada…
¿Cómo?
Recorriendo tus brazos que se crispaban.
Recuerdo.
Que se agitaban, si.
¿Dónde?
No quiero decirlo.)


Pálida y radiante.


Estabas tan hermosa tratando de persuadirme de que teníamos de rehén al tiempo,
de que podíamos sujetar a la gente de los pies,
de que podíamos lanzarlas para ver si alcanzaban las estrellas.


Era tan bella tu boca, bien lo recuerdo,
reías como un sosiego en plena marcha del mundo.
No creo que recuerdes eso.

Sean tus sonrisas una puerta, tumba, revelación, abismo en plena calle del mediodía,
tus pelos sólidas rejas,
tus ojos el punto culminante de todo lo viviente,
no somos para nada trascendentes.
Dios se apiade de mi alma.

Buscaste un placer perdido en las esquinas de un laberinto.
Dios se apiade de tu alma.

Sea el pacto entonces dijimos.
Vos retumbaste en algún rincón de una metáfora
como para que la humanidad entera acudiera a sostenerte.
Yo contemplé la punta de mi lengua con un horror ligero o cansado.

Dios se apea de estas armas.